La educación constituye un factor clave para crear riqueza. Reflexiones sobre los cambios que requiere el nuevo sistema educativo, en los escenarios de la globalización de cara al período 2016-2025. Variables a tener en cuenta para conectar la (buena) educación con la salud y nutrición, el empleo y las tecnologías. Es urgente una nueva política pública.

Hace poco tiempo fui a Corea del Sur, uno de los llamados ‘dragones asiáticos’, que cambió su sistema educativo para hacer posible el desarrollo económico. En esa ocasión llegó a mis manos un periódico de China, que informada sobre los propósitos de los gobernantes de ese gigante Estado: ‘queremos un aluvión de empresas, y que todo chino sea un empresario’, decía la nota en grandes caracteres. Esta premisa es un referente –y no el único- que pone a la educación en la mira de los países. De la misma manera, aunque con otro énfasis, el presidente Barak Obama imprimió en su último informe sus desafíos, ante la supuesta declinación del sistema educativo estadounidense, y los avances evidenciados en Europa y Shanghái en las Pruebas PISA administrados por la OCDE.

La realidad educativa del Ecuador

Los últimos nueve años se caracterizaron por una alta inversión pública en educación, que se ha acercado a la norma constitucional del 1.5 del PIB. Esta buena noticia tiene su correlato en la recuperación de la rectoría del nuevo sistema educativo en marcha, la ampliación de la cobertura escolar (al 96%), la construcción y equipamiento de escuelas del milenio, la creación de 4 nuevas universidades (Yachay, Amazónica, de las Artes y de la Educación –UNAE-), las reformas curriculares, las becas a estudiantes y profesores, el sistema nacional de evaluación y las mejoras salariales de los maestros. La ‘deuda’ del país –pese a los esfuerzos realizados- es la calidad, concepto complejo y polisémico, que alude no solo al rendimiento estudiantil y a sus factores asociados, sino a otras variables como la salud y nutrición, la inserción en el mundo del trabajo y las tecnologías, y la formación inicial y continua del profesorado. Cabe mencionar, en el tema de la calidad, los últimos informes de la Unesco –pruebas Serce-, que ubicaron al Ecuador en el puesto 7 entre 14 países de la región, y hubo un reconocimiento internacional en el ámbito de la alfabetización. También es necesario identificar dos hechos significativos: la evaluación de la Ley Orgánica de Educación, que mereció algunos correctivos, y la consulta a varios actores sociales para preparar el nuevo Plan Decenal de Educación 2016-2025.

Tres retos impostergables

El Gobierno Nacional intenta ofrecer una educación pública de calidad. Esta propuesta es coherente con los acuerdos internacionales a los que se ha adherido el Ecuador, pero aún subsisten problemas estructurales serios: alta tasa de desnutrición infantil, la desigualdad educacional y el analfabetismo digital, en relación con el empleo y el valor agregado.

1. La desnutrición. ‘No se justifica por nada que Ecuador, un país de ingresos medios, tenga una situación tan pésima de desnutrición infantil como Ecuador tiene’, dijo Helmut Rauch, Director del Programa Mundial de Alimentos, en una entrevista a Efe. Según el PMA, Ecuador es el cuarto país de América Latina, tras Guatemala, Honduras y Bolivia, con peores índices de desnutrición infantil. ‘El 26% de la población infantil ecuatoriana de 0 a 5 años sufre de desnutrición crónica, una situación que se agrava en las zonas rurales, donde alcanza al 35,7% de los menores, y es aún más crítica entre los niños indígenas, con índices de más del 40%’. ¿Es posible hablar de calidad educativa en regiones donde existe una desnutrición crónica, reconocida por el Dr. José R. Varea Terán como ‘subdesarrollo biológico’?

2. La desigualdad educacional.

Al tema de la desnutrición se une otro problema estructural, que debería ser considerado en un debate público-privado y la sociedad civil: la desigualdad educacional, mencionada por Xavier Sala-I-Martín, profesor de la Universidad de Columbia, en entrevista con El Comercio, realizada por César Augusto Sosa, publicada el 1ro. de noviembre. ‘En el siglo XIX se creía que la desigualdad venía de la gente rica, que tenía una empresa y la dejaba a los hijos, con lo cual la desigualdad se perpetuaba. Pero hoy en día la desigualdad no viene de heredar una empresa, sino de la herencia educacional. Hay niños que tienen una educación buena y otros, una mala’, dice el experto. Ante la pregunta sobre ‘si la desigualdad es fruto de la acumulación patrimonial y por eso ha planteado (el Presidente) un impuesto a las herencias’, Xavier Sala-I-Martín contesta: ‘Es un error. Si se lee a (Thomas) Piketty, que debe ser el libro de cabecera del Presidente, se podrá ver que las desigualdades no son de riqueza sino de ingreso. Las grandes desigualdades vienen de la gente que cobra un salario enorme y la que cobra un salario ridículo. Son diferencias salariales. El salario es la recompensa al capital humano, no al físico. Y en la actualidad quienes cobran salarios elevados son directores de bancos o jefes de empresas. Además, los aumentos de la desigualdad que habla Piketty en su libro son causados por el cambio tecnológico, que está robando puestos de trabajo a la clase media’. ‘La mejor herencia que se puede recibir de los padres es la educación. Los chicos que tienen buena educación acaban en puestos gerenciales de las empresas, en cargos directivos de compañías o ministerios, pero los que no tienen buena educación acaban de obreros o campesinos. La clave es luchar contra la desigualdad educacional’, reafirma el profesor.

3. Nuevas tecnologías y empleo.

Una tercera variable –a considerar en las nuevas políticas públicas- se refiere a la incidencia de las tecnologías en el trabajo, y viceversa. En el siglo XXI varias profesiones –especialmente las tradicionales- están en declive o extintas. Y están emergiendo otras relacionadas con la revolución del conocimiento y el mundo post industrial; sin embargo, algunos jóvenes eligen profesiones para obtener simplemente cartones –léase títulos- que no son patentes de conocimientos, sino certificados de desocupación. En otras palabras, la sociedad estaría invirtiendo millones de dólares en un proyecto separado de la innovación. El profesor Xavier Sala-I-Martín presenta una cifra: ‘el 72% de las innovaciones en las empresas vienen de trabajadores, es decir, estudiantes, poetas, malabaristas y cocineros… El modelo de las élites ya no funciona. La idea es cambiar la concepción del sistema educativo; no es un tema de recursos sino de filosofía’, según el especialista. En otros términos, la alianza público-privada con la sociedad civil es la clave para diseñar el verdadero cambio educativo. ¿Un nuevo acuerdo en ciernes? ¿Y qué sucede con la formación inicial y continua del profesorado? Es un excelente tema para el próximo ensayo.

Fuente: www.elcomercio.com

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