Los niños y jóvenes de hoy, los que tienen acceso a la tecnología, construyen los conocimientos de manera distinta a las generaciones anteriores.

Sin ir tan lejos, en las escuelas de Uruguay todos los niños encienden sus laptops, se conectan a internet y están listos para iniciar la jornada escolar. En Ecuador, algunos profesores ya reemplazan la tiza y la pizarra verde por las pantallas digitales interactivas, PDI, mientras los estudiantes envían las tareas por e-mail y descargan los contenidos de las materias desde una plataforma virtual.

La tecnología no solo llega a las escuelas para modernizar las salas de clases. En su libro Educación: riesgos y promesas de las tecnologías de la información, Nicholas Burbules, profesor del Departamento de Estudios sobre Política Educacional de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, describe a las nuevas tecnologías como un entorno, un territorio potencial de colaboración en el que pueden desarrollarse actividades de enseñanza-aprendizaje y en el cual se producen las interacciones humanas con todas sus ventajas y desventajas.

Otra de las razones es que la tecnología está siendo introducida en las aulas porque los chicos y chicas, los nativos digitales, han nacido y crecido en la era de internet. Y en ese entorno, el acceso al conocimiento también ha evolucionado.

Hasta hace un par de décadas, el saber se concentraba en los profesores, los padres de familia y los libros mientras los chicos adoptaban una actitud pasiva y receptiva. En una clase de química, el escenario tradicional: el profesor imparte una clase magistral ayudado por una pizarra repleta de fórmulas y con unos alumnos que toman apuntes y repiten la información hasta memorizarla.

El aprendizaje virtual 
Ahora los estudiantes están frente a una PDI, mueven las fórmulas con sus dedos o un lápiz óptico, hacen experimentos en tiempo real o navegan por los laboratorios y bibliotecas digitales de todo el mundo.

Los chicos que disponen de una computadora conectada a internet en sus hogares y tecnología de punta en el colegio, aprenden con software educativos, videos, textos hipermedia, simulaciones y una serie de herramientas pedagógicas que además de apoyar el trabajo docente, motivan el aprendizaje y desarrollan en ellos nuevas competencias acorde a las exigencias de la sociedad de la información.

Inclusive la retroalimentación que espera el profesor luego de su clase, ahora es virtual, pues los jóvenes suben comentarios a su blog o se los envían a su correo electrónico o quizá los publican en Facebook o Twitter aprovechando la interacción y el intercambio de contenidos que ofrece la web 2.0.

¿Cerebro multitareas? 
Los profesionales coinciden en que el estudiante de hoy ejerce un rol más activo en la enseñanza-aprendizaje: accede, adquiere y construye por sí mismo los conocimientos, en tanto que el profesor actúa como facilitador, guía y mediador del proceso. En esta dosis de independencia, la educadora Veronique Gorris, considera que los chicos están forjando su identidad con nuevos estímulos y otras formas de incorporar la información.

En su análisis explica que las actuales generaciones aprenden de forma simultánea porque las conexiones cerebrales se desarrollan conjuntamente con las tecnologías: “Gracias a las investigaciones, sobre todo neurobiológicas, sabemos que el cerebro tiene una gran capacidad y flexibilidad de desarrollo y a través de los estímulos adecuados, activando las multi-inteligencias podemos crear nuevas conexiones”, puntualiza la codirectora del colegio Pachamama, en Quito.

La investigadora israelí Idit Harel Caperton, doctora en Aprendizaje Investigativo del Massachussets Institute of Technology (MIT), sostiene que los procesos cognitivos -de aprendizaje- evolucionaron y el cerebro ahora es más intuitivo y multitareas, de ahí que para sentirse atraído por un tema, los alumnos prefieran además del texto, imágenes, sonidos y movimiento.

“Los jóvenes desarrollan cerebros capaces de una forma de creatividad e imaginación sin precedentes”, declaró Harel al periódico La Tercera.

El experto chileno en informática y políticas educativas, Ignacio Jara, expositor del Primer Congreso Educación y Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), aclara que no está confirmado si existen cambios en el cerebro y en las conexiones neuronales de quienes incorporan la tecnología en el aprendizaje, pero lo que sí está claro, agrega, es que los niños y jóvenes -que tienen acceso fluido a la computadora y a internet- construyen sus redes de conocimientos de manera distinta, “lo que va a afectar la forma en que la escuela aborde los procesos de aprendizajes”.

Clases más interactivas 
En efecto, en lugar de prohibir las nuevas tecnologías o dejarlas fuera del aula, los profesionales que deciden integrarlas ya refieren cambios comprobables. El profesor de Informática, Galo Luna, del Colegio Politécnico, Copol, está convencido de que las TIC transforman la clase en una experiencia más interactiva, incentivan a los estudiantes y los conducen a potenciar el aprendizaje significativo, colaborativo y auto dirigido.

La maestra Ericka Lindao da clases de Inglés y Pensamiento Crítico utilizando las pizarras digitales, que funcionan con un videoproyector conectado a una computadora para enfocar las imágenes en la pizarra. “Con las PDI, los estudiantes se sienten más motivados porque ellos tienen que completar el conocimiento para adquirirlo. Salen a la pizarra, mueven las imágenes, las unen, completan párrafos, conceptos y más. Ya no escriben solo en un cuaderno porque los mantiene activos”, precisa.

Las cifras muestran que el acceso a internet de las niñas, niños y adolescentes alcanza entre el 80 y 95 por ciento, según resultados del estudio iberoamericano Generaciones Interactivas de Telefónica a 92.000 estudiantes en 2008, pero en Ecuador no todos los estudiantes de Educación Básica no disponen de una computadora con conexión a internet.

Una de las iniciativas para cambiar esta realidad es el plan Más Tecnología, del Municipio de Guayaquil, que ha implementado laboratorios de computación conectados en red y equipados con el software educativo APCI, (Aprendizaje Personalizado Complementario Interconectado) en 26 planteles, para aprender matemáticas y lenguaje con juegos y contenidos interactivos.

En octubre anterior, el Gobierno tomó la decisión de implementar la primera fase del plan piloto “Mi Compu”, que de hacerse realidad en todo el país entregaría a cada niño de Educación Básica una computadora conectada a internet.

De acuerdo al Ministerio de Educación, el plan incluirá alfabetización digital, visión pedagógica de las TIC, introducción al lenguaje multimedia, manejo de internet seguro, entre otros talleres orientados a capacitar a los maestros en el uso de las tecnologías.

Con todas sus ventajas, los profesionales advierten que por sí solas, las tecnologías no aportan nada trascendente al aprendizaje si los métodos didácticos se resisten a evolucionar.

Para Verónica Benavides, catedrática ecuatoriana con un magíster en Desarrollo de la Inteligencia, el aprendizaje no guarda relación directa con el desarrollo de la tecnología, sino con el nivel de formación del docente en el uso y desarrollo de la didáctica. “Puedo tener una clase con todos los computadores, pero si no sé enseñar, los alumnos no van a aprender. Los software educativos y los recursos virtuales son materiales de refuerzo y no tienen porqué sustituir al maestro”, reitera.

El catedrático Ignacio Jara es enfático: “No vamos a mejorar la educación con tecnologías, sino tenemos buenos docentes que aprovechen el potencial educativo de estas herramientas para apoyar los aprendizajes, para transformar las clases en experiencias interactivas que ayuden a los estudiantes a comprender mejor algunos conceptos”.

Nuevas competencias 
Ante el torrente informativo de la red, los educadores plantean nuevas competencias: desarrollar en los alumnos la capacidad para seleccionar, valorar y discriminar el significado y el sentido de la información. “El estudiante tiene que saber qué contenido tomar, cuál no y cómo hacerlo, además de aplicar normas básicas como citar la fuente si baja información”, señala Benavides.

Para obtener estas habilidades, la educadora insiste en que los niños hasta el Octavo o Noveno de Básica deben saber leer y entender correctamente, lo que más adelante, señala, los llevará a razonar sobre lo que escriben, a tener una lectura sumamente crítica, estructurar párrafos coherentes, extraer hipótesis, argumentar, concluir, imaginar, entre otras destrezas.

 

Fuente: Revista Vistazo en: http://www.vistazo.com/impresa/vidamoderna/imprimir.php?Vistazo.com&id=3759 

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