Moodle sirve también para la formación a distancia, pero la mayoría de universidades lo usan como complemento de las clases presenciales, explica Adell: «Permite distribuir materiales de aprendizaje, crear y gestionar debates temáticos y tablones de anuncios, pasar cuestionarios a los estudiantes, evaluar tareas, integrar recursos de Internet, crear glosarios y diccionarios, gestionar el tiempo a través de un calendario global de distintas asignaturas, ofrece herramientas de comunicación entre los estudiantes, como la mensajería instantánea, permite la tutoría electrónica en privado o en grupo, calcula estadísticas, gestiona las calificaciones, etcétera».
Adell asegura que también a los estudiantes les gusta. «Les ahorra tiempo: no tienen que desplazarse a la universidad para preguntar dudas al profesor o conseguir fotocopias de apuntes, y pueden comunicarse en tiempo real con compañeros para trabajos conjuntos. En las actividades en red queda constancia de su participación, cara a la evaluación. Así, los que participan poco en las clases presenciales tienen oportunidad de hacer oír su voz».
Algunos docentes no se dan por enterados, explica el profesor: «Si no manejan recursos electrónicos, lo tienen todo en papel o emplean la metodología de clase magistral, toma de apuntes y examen final, es difícil que Moodle les ayude».
Otro entusiasta de Moodle es Enrique Castro, investigador en neurociencias y profesor de Bioquímica en la ULPGC. Ha creado diversos módulos y ha escrito dos manuales.
La Universidad de Las Palmas usa Moodle de forma ejemplar, explica: «Es un servicio más, como la tiza o el correo electrónico. Lo ofrecemos a todos los ámbitos de la enseñanza. Todos los estudiantes, profesores y asignaturas están precargados en el campus virtual, esperando que libremente decidan usarlo. No es obligatorio. De las 3.000 asignaturas, 1.500 profesores y 23.000 estudiantes que tenemos, la mitad lo emplea».
La ULPGC es la única universidad pública en España que tiene una facultad de teleformación y usa plataformas virtuales desde 1998. Adoptó Moodle. Lo usa tanto para titulaciones a distancia como para apoyar la docencia presencial; también se ofrece a los grupos de investigación que quieran un espacio virtual de teletrabajo. Castro pone como ejemplo de su utilidad los foros de discusión: «Permiten mantener una discusión viva durante días, para que estudiantes y profesores sopesen sus respuestas, no como en 10 minutos en el aula. Puede parecer trivial, pero es notable la falta de participación de los alumnos en clase.
La disponibilidad de un foro asincrónico permite que se planteen dudas de una forma más frecuente y que queden disponibles para todos los estudiantes, sin que el profesor tenga que responder la misma duda decenas de veces». Otro ejemplo: «Antes, los estudiantes entregaban sus trabajos en papel. El profesor debía tener una lista de quién había entregado y cuándo, y el alumno debía buscar al profesor para darle el trabajo. Con Moodle, el sistema registra la fecha de envío del trabajo, marcando los que se entregan fuera de plazo.
El profesor selecciona al alumno en la lista para ver cuándo entregó el trabajo y acceder a él, pinchando en un enlace, corregirlo y ponerle nota que, automáticamente, pasan al libro de calificaciones del estudiante, que puede consultar. Además, se le envía la nota por correo electrónico. El profesor no tiene que hacer nada».
El vicerrector de la ULPGC, José Juan Castro Sánchez, es otro entusiasta de Moodle, para quien la reticencia de algunos profesores no es problema: «Les impartimos periódicamente cursos de formación. Llevamos 13 ediciones, por las que ha pasado el 33,66% de nuestra plantilla de docentes, y estimamos que usan Moodle el 40%, lo que demuestra que es tan fácil de usar que no es imprescindible hacer un curso».